EL BAÚL SE COBRA APARTE

enero 15th, 2011 § Dejar un comentario

- Sí me vas a poner el reloj me bajo – contó el taxista que le dijo el futuro pasajero. – Yo soy local, no me cobres como turista.

El viaje se completó a reloj ciego. Monto total $9.

Para los turistas que descienden del omnibus, después de estar como mínimo 5 horas, en un coche en el que con seguridad pasaron frío, calor, o tuvieron que bancarse la luminosidad de una pantalla en la que pasaban una película que no era de su agrado, no recalan, con inmediatez, en la relación entre el valor del viaje y la distancia recorrida. Y están dispuestos a pagar, sobre el valor de un viaje que no esperan sea tan caro el adicional de cuatro pesos por usar el baúl.

Una zanja repleta de verdín y unos pastizales rústicos separan a la terminal de Santa Teresita de la la ruta interbalnearia que une toda la Costa Atlántica desde San Clemente hasta Mar del Plata. Pareciera ser que desde ese ahí, con los automóviles pasando a toda velocidad, la playa se encuentra en otra ciudad, a varios kilómetros de viaje. Es por eso que, el despropósito que implica pagar más de veinte pesos por pocas cuadras, no es percibido hasta varios días después de la llegada.

Un viaje promedio al centro de la ciudad, sin uso de baúl, ronda entre los dieciseis y veinte pesos y no recorre más de 15 cuadras. Moverse en taxi termina valiendo un poco más de un peso por cuadra. Hasta aquí nada raro, sólo un poco caro, sin embargo, no todo es tan claro.

La bajada de bandera, que aumentó antes de diciembre último, y que vale lo mismo que en la Capital Federal, está a $5.40 y cada ficha adicional que cae, cada ciento veinte metros o a los noventa segundos, lo que llegue primero, cuesta cincuenta y ocho centavos. Esto haría que, a medida que aumenta la cantidad de cuadras recorridas, la bajada de bandera influyera menos en el monto total y el valor por cuadra tendiera a aproximarse al valor de cada ficha. Sin embargo, la tendencia es la opuesta.

Dos posibles explicaciones, de las que nadie se hace cargo, así como nadie reconoce haber votado por Carlos Menem, incluso cuando ganó dos elecciones seguidas, parecen ser las que aseguran: primero, que como los relojes y los taxis no son controlados regularmente por la secretaria de tránsito de la municipalidad lo que permite que se puedan manipular irregularmente (aunque hay quienes aseguran que ello es imposible debido a la complejidad técnica que implica); la segunda apunta más a una idea que, busca la complicidad del oyente y refiere a la oportunidad. “ Hay que aprovechar la temporada, son dos meses y es una buena oportunidad para hacerse una diferencia”.

Este oportunismo está menguado por la tolerancia que se tiene con los ciudadanos locales, ellos, si se anuncian como tales, pagan la tarifa local, sin reloj, entre siete y nueve pesos.

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